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De la carpetovetónica serie «¿Qué fue de...?»

Punky Brewster: «¡Un respeto, cabrón, que soy huérfana!»

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que fue de punky

Hace veinticinco años, una niña sin hogar llamada Penelope Brewster y su perro Brandon se instalaron clandestinamente en un apartamento de Chicago, amistándose más tarde con el administrador de la finca, el viejo Henry, que se convertiría en su padre adoptivo (de la niña, del perro no). Hoy, la okupa más famosa del mundo deja por fin el piso donde ha estado viviendo de gorra todo este tiempo. Ahora cuenta 32 tacos y no es mucho más adulta que la tierna huerfanita que todos recordamos, Punky Brewster.«Henry murió hace seis meses», dice. Lo suelta por encima del hombro junto al humo de un cigarrillo liado a mano, de olor sospechoso, mientras precinta las últimas cajas. Hemos llegado justo a tiempo; una hora más tarde y se habría marchado. «Cáncer de próstata, o algo así», continúa, indiferente. «Se ve que es común a los 100 años».

Punky, por su parte, ha envejecido a buen ritmo. Su ropa sigue siendo un festivo homenaje a la indigencia, sobre un cuerpo gracioso, no tan curtido por los años como por los malos hábitos. Lleva rastas y un piercing en el labio, pero conserva el aire (convertido en humo narcótico) de la niña que nos encandiló en televisión. Su estilo de vida era entonces el mismo. Siempre ha sido una chica hecha a sí misma, preparada para el acto más arriesgado o sórdido en pos de su supervivencia, aunque aceptando gustosa la caridad de quienes eran seducidos por su vitalidad y simpatía. Henry, su difunto tutor, por ejemplo.

«Pero –le preguntamos– ¿te parece normal haber estado viviendo de la caridad de un pensionista hasta los 32 años?»

«¡Eh, cabrón!», grita, tirando al suelo una caja y desparramando su contenido de pinzas de tender y útiles de costura: «¡A mí no me llames parásito, que tú no sabes lo que he pasado yo! ¡Que soy huerfanita, ¿vale?!»

Le pedimos disculpas. Para hacer las paces, la ayudamos a bajar sus cajas y le preguntamos por Brandon, su perro labrador. «Está estupendo. Le encontraréis en el coche. 30 años va a cumplir, él también. Fue buena idea empezar a espolvorear heroína en el Dog Chow; los primeros años se le caía el pelo, pero ahora está hecho una roca. Es el Iggy Pop de los perros.»

Punky no ha vivido «sólo» de la caridad de su tutor: también aportó su parte a la economía familiar. «Trabajar, lo que se dice trabajar, tampoco», matiza; «pero, mira, un conciertito de bongos aquí, una plantación de marihuana allá... He ido tirando.» Quizá si el nuevo administrador fuera más tolerante, Punky se quedaría en Chicago, pero «de todos modos, tengo ganas de ver mundo. O California, en su defecto.» Mientras ella nos cuenta sus planes y devora las sobras de la nevera, nosotros hemos bajado y cargado toda su mierda en la baca de su viejo Chevrolet. El perro ya está al volante, dándole al claxon. Antes de irse, eso sí, Punky nos da un beso y nos agradece el interés. Lo hace con un pestañeo que nos deja sin defensas. Hay chicas así, a las que hasta el ser perroflautas se lo perdonas.


13 comentarios

  1. Avatar

    Roy-K9999 · 30/08/2009

    Y que le paso a su "duende maldito" que nada mas sabia mover las orejas el cabron?, nada mas cagaba de mamon en la serie... que tiempos aquellos...

    VOTOS: 0 BUEN ROLLITO: +10

  2. Avatar Avatar

    Des Brodin · 29/08/2009

    no era Peter,era Henry!

    VOTOS: 1 BUEN ROLLITO: +15

  3. Avatar Avatar

    andreuco · 29/08/2009

    una chica muy maja y el perrito encantador

    VOTOS: 0 BUEN ROLLITO: +10

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