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De la patafísica serie «El Jueves investiga: ¿Qué fue de...?

Kraftwerk: «Hey... eso que llevas al oído... ¿es una especie de teléfono portátil?»

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Kraftwerk

Pocos turistas visitan el tranquilo pueblo de Münchstadt am der Rühr, en Westfalia. Menos aún se acercan al polígono industrial de donde zarpó el buque insignia de la new wave germana. Y sólo unos pocos viejos del lugar y científicos europeos saben en qué nave se esconde el estudio del grupo de electrónica Kraftwerk.

Bueno, quien dice estudio, dice taller. O fábrica de vanguardia tecnológica que en los 70 epató al mundo con su sonido ultrainnovador. Y ahora, en el siglo XXI, ¿qué proeza de ciencia-ficción, qué delirio de Philip K. Dick saldrá de la nave industrial donde ahora entramos cuando los Kraftwerk saquen su próximo álbum?

Lo averiguaremos en cuanto respondan al timbre. Que, por cierto, suena con la melodía de La cucaracha, como el claxon de un tiovivo.

Dentro, la típica creatividad perezosa de un estudio musical se hace sitio entre cadenas de montaje y brazos mecánicos. Un obrero piensa o dormita en el sofá mientras sus dedos hormiguean por el teclado de un pequeño Casio. Otro, al ordenador, rompe el silencio de vez en cuando extrayendo una nota solitaria de la tecla F4. Los obreros van de uniforme: camisa negra, pantalón y corbata y tirantes rojos, corte de pelo marcial. El capataz Ralf Hütter habla a través de un distorsionador de voz y nos saluda a bordo del Kraftwerk Fabrik.

«Aquí vivimos enclaustrados 342 días al año, si no hay giras —nos cuenta Ralf durante un breve tour por las instalaciones, que termina en una máquina de Cherry Coke—. Tenemos pendiente un álbum desde hace algún tiempo, pero no hay prisa —sonríe, brindando con el refresco—: no nos falta de nada. Comemos poco, y Stefan tiene baterías recargables.» (Ahora que nos fijamos, ciertamente, el que está tecleando el ordenador es un robot de aspecto casi humano, parecido a un crash dummie o a Max Headroom.)

«Las melodías tardan en salir», justifica Ralf. «Vale, son series de no más de diez notas; pero reconoced que son diez notas muy bien encontradas. A veces nos han salido improvisaciones notables, pero se le había acabado la cinta al magnetófono.»

Íbamos a hacer un comentario sobre grabadoras digitales, pero preferimos callarnos. No podemos evitar, sin embargo, que nos suene el móvil. Atendemos la llamada. Al colgar, Ralf nos mira con notable sorpresa: «Perdona... eso que te has puesto al oído... ¿es algún tipo de teléfono inalámbrico?»

Kraftwerk sigue a la vanguardia tecnológica, pero la de la era Tron. Su archivo de sonidos está en cinta magnética. Las canciones de su próximo disco han de ser enviadas a su agente en Düsseldorf... pero de momento están pasándose de un cartucho a una unidad zip. El ordenador de Stefan es un ZX Spectrum. Y el mismo Stefan, con su cuerpo sintético modelado al estilo raza aria, es el típico robot pre-Cyberdine que puede sufrir un cruce cualquier día y tener un pronto homicida. Ralf cuenta con ello. «Ha ocurrido otras veces. Pasamos un miedo que te cagas, y encima tenemos que destruirlo y reemplazarlo, pero bueno, luego lo recordamos, y lo que nos reímos.»

Sólo esperamos que no ocurra antes de que el nuevo disco termine de subirse a la «autopista de la información».

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24 comentarios

  1. Avatar Avatar

    xhanti48 · 26/09/2010

    Münchstadt an der Ruhr desde Alemania

    VOTOS: 3 BUEN ROLLITO: +15

  2. Avatar Avatar

    Matatoreros · 26/09/2010

    No se quien es esta gente.

    VOTOS: 5 BUEN ROLLITO: +5

  3. Avatar Avatar

    GUITARRA · 26/09/2010

    Perdón,¿quién coño son estos?

    VOTOS: 8 BUEN ROLLITO: +10

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