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De la marítima serie «El Jueves investiga: ¿Qué fue de...?»

El ‘Princesa del Pacífico’: «Es el barco del amor... ¡Vayan quitándose la ropa!»

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Vacaciones en el mar

Llevamos dos días flotando a la deriva sobre un pedazo del atunero Empanao. El día siguiente a la salvaje tormenta que hundió el barco al que nos enrolamos como grumetes amaneció con un sol abrasador, dispuesto a rematarnos a los supervivientes. Productor, fotógrafa y el que esto escribe yacen cubiertos de harapos, pensando que Leo DiCaprio sí cabía encima del tablón junto a Kate Winslet, puesto que nosotros tres y varias gaviotas cabemos de sobras en un madero del mismo tamaño. La insolación nos llaga la piel y la sal nos fríe la sangre. El hambre y la sed empiezan a causarnos alucinaciones. Cuando el vasto sol cesa por fin su tortura y se hunde en el horizonte rojo y negro, aplazado a terminar el trabajo mañana por la mañana, en nuestro delirio creemos oír música y risas. Entonces abrí un ojo. Vi un transatlántico. Y me entró confeti bajo el párpado.

(Por cierto: si alguien quiere saber cómo habíamos llegado a esta situación, puede leerlo aquí.)

Desperté sobre una cama con dosel, vestido con un poncho de hospital y un lei o collar de flores hawaiano en torno al cuello. A mi lado había cuencos de fruta y una botella de Moët en una cubitera. El ojo de buey me apuntó a que estábamos a bordo de un barco, pero nada más apuntaba a ello; ni siquiera percibía el cabeceo que solía marearme durante mi breve estancia en la industria pesquera. Frente a mí, en otra cama, distinguí a nuestro productor, aún inconsciente, sanadas sus heridas.

Un camarero entró agitando una coctelera al ritmo de Harry Belafonte. Luego le añadió un par de rodajas de lima, hojas de menta y una bengala encendida que se sacó de su enorme melena afro.

Interrumpió mis cavilaciones el médico. «Bueno, otro que se ha despertado. Me alegra poder decirle que su compañera está también a salvo, y en excelente forma. Excelentísima, a juzgar por su reacción cuando he intentado auscultarla.»

Lleva un ojo morado a causa del encuentro con nuestra fotógrafa, pero la sonrisa pícara es inconfundible:

«Usted es... ¡“Doc” Bricker!»

«Su doctor», responde él, con la oportuna coletilla.

Un camarero entró tras el médico agitando una coctelera al ritmo de Harry Belafonte. Luego le añadió un par de rodajas de lima, hojas de menta, una guinda y una bengala encendida que se sacó de su enorme melena afro, y me tendió la bebida con una deslumbrante sonrisa: «Zumo de frutas exóticas con unas gotitas de ginebra. Combate el escorbuto y levanta la moral, todo a la vez. Por cierto, soy Isaac. Su barman.»

Y el barco que nos había rescatado era, naturalmente, el Princesa del Pacífico, crucero que sigue surcando los mares, como en su época televisiva, ofreciendo lujo, risas y terapia romántica a un pasaje de estrellas que llegaban a bordo con corazones rotos y desembarcaban enamorados, a menudo reemparejados entre ellos, y felices para el resto de sus vidas.

«Pero aquello era en los 70», ríe el Capitán Stubing, la noche siguiente, después de invitarnos a los tres náufragos, ya repuestos, a cenar en su mesa. «La televisión de aquella época tenía un tono cursi que el siglo XXI no puede permitirse.»

«Tuvimos que prescindir de los rodajes», confiesa Julie McCoy, la pizpireta directora de crucero, siempre pegada a una lista de pasajeros. «El final de la serie repercutió en los ingresos, claro... Pero no nos costó encontrar un patrocinador para que el Princesa del Pacífico siguiera surcando las aguas.»

Sigue surcándolas, y sigue contribuyendo a la contaminación del océano dejando por donde pasa un rastro visible de serpentinas de colores sobre su estela. Quizá sea el recuerdo de su gloria televisiva, quizá sea (lo sospechamos poderosamente) algo que Isaac les echa a las bebidas, pero la predisposición del pasaje a la fiesta y el himeneo, siempre bajo la mirada cómplice del capitán, el doctor y la directora, es casi sobrenatural.

Cuando desembarcamos en Dubai, dos semanas después, y cada uno del brazo de su nueva pareja, no nos sorprende descubrir el logotipo del nuevo sponsor del barco ocupando todo el casco. Es una conocida marca de preservativos.

Vacaciones en el mar


12 comentarios

  1. Avatar

    marianini · 04/12/2010

    Nada de Nostalgias. Pongo todos esos canales nuevos de la TDT. Y tengo desde Cojat, Farmacia de Guardia, Bonanza y to lo que no esta escrito.

    VOTOS: 9 BUEN ROLLITO: +45

  2. Avatar Avatar

    inibrio · 04/12/2010

    .....que mundo tan surreal!

    VOTOS: 5 BUEN ROLLITO: +25

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