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De la pelirroja serie «El Jueves investiga: ¿Qué fue de...?»

Pippi Calzaslargas: «Sólo los pobres están locos. Yo soy excéntrica»

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Pippi Calzaslargas

Ser independiente, rebelde, respondona y un tanto extravagante, a los 9 años, puede convertirte en una heroína infantil adorada por los niños. A los cuarenta y pico, en cambio, puede convertirte en «la señora rara que vive en Villa Kunterbunt». Sobre todo si vives en una casa llamada Villa Kunterbunt.

Ese es el caso de Pippilotta Viktualia Rullgardina Krusmynta Efraimsdotter Långstrump, más conocida como Pippi Långstrump o Pippi Calzaslargas, del pueblo de Kårlmenriggael, sur de Suecia. En los cuentos de la autora Astrid Lindgren y en la famosa serie de televisión de 1969 —«1969», ninios: si no sabéis ni de qué habla este artículo, traed a vuestros padres frente al ordenador e idos a jugar por ahí— Pippi desafiaba las normas, escandalizaba a los adultos y daba esquinazo con gran soltura a los siempre cansinos y sobreprotectores agentes de la oficina de menores. Hoy, su lucha continúa, pero contra los de servicios sociales.

«Están empeñados en llevarme a no sé qué residencia porque dicen que estoy loca», se burla Pippi, o la señorita Långstrump, mientras nos echa leche en el café directamente de la ubre de una cabra que tiene subida a la nevera. Ni siquiera atada; el pobre bicho no se atreve a bajar solo por si se escoña, y ahí está. No es el único animal de la casa, desde luego: Nilsson III, el mono tití, está jugando al ajedrez contra un ordenador; y al caballo, Tío Junior, ya lo hemos visto antes en el jardín, zampándose las hortensias del sufrido vecino. «Os traeré algo para picar», recuerda oportunamente nuestra anfitriona tras servir el café. Medio minuto más tarde, regresa a la cocina con un pico y una pala para cada uno.

Pippi siempre fue una rebelde incomprendida, como ahora. Antes, sin embargo, contaba con el leal apoyo de los niños, que admiraban su imaginación y rebeldía. Hoy ya no es así. «Me temo que los niños de ahora hasta rehúyen mi casa, ¡y eso que a mí me encantan! Mira, por ahí va el pequeño Klaus. ¡Klaus, toma, algo para picar!» Pippi le lanza un azadón por la ventana; oímos un clonc y el llanto de un niño. «Qué tío, nunca está contento. Si es que hoy en día los malcrían.»

Pero claro: Pippi ya no es niña, y ella siempre se ha entendido con sus iguales. Ahora sus fieles son los adultos descolocados, los marginados, los que no encajan en el sistema ni en la razón, los que coleccionan gatos o mendigan insultando a los transeúntes. Todos tienen a Pippi por su superhéroe particular. Ella, con su superfuerza, es capaz de agarrar a un grupo de nazis de los que queman indigentes y sacarle las pelotas por la nariz de un patadón. «Lo cual, personalmente, podría ser un buen argumento para otra serie: Pippi 2011. Pero quizá no encaje con la televisión actual. Se está intelectualizando mucho», dice, señalando vagamente al mono tití.

Aunque la tele no es necesaria. A Pippi le sobra el dinero. Todavía guarda un cofre de monedas de oro que le trajo su padre, el pirata Efraim Långstrump, de su último botín. Sólo gracias a eso, y a su fuerza sobrehumana, puede alguien permitirse ser una señora loca de las que dan nombre a grupos surrealistas de Facebook sin acabar en la indigencia o el manicomio. «Como decía Dennis Hopper en Speed, sólo los pobres están locos. Yo soy excéntrica.»


22 comentarios

  1. Avatar

    fenring · 22/01/2011

    Pues yo la he visto no hace mucho, de mayorcita enseñando carne, en alguna revista y esta para comersela, excentrica o no.

    VOTOS: 6 BUEN ROLLITO: +30

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